Introducción

Cambiar de estilo de vida no es fácil. Es todo un viaje de ida… ja, ja, ja.

Convencernos de que la forma en la que hoy vivimos ya no está en sintonía con nosotros es un proceso de aceptación complejo que, con frecuencia, duele y molesta.

Por eso es tan difícil hacerlo y, a la vez, tan necesario.

Cerrar los ojos para virar el timón hacia nuevos rumbos, al principio quizá desconocidos, requiere de coraje y valentía, dos cualidades que, erróneamente, pensamos que no tenemos.

Mi viaje comenzó cuando me tocó irme de la oficina.

Por muchos años una voz, en mi interior, me martirizaba todos y cada uno de los días de mi vida. Me gritaba, sutil y silenciosamente (vale el oxímoron): “¿Qué estás haciendo, flaco? Esta vida no te gusta y es la única que tenés. Anda a vivirla”.

Yo la ignoraba. El oído selectivo es la mejor forma de mantenerse contento en la zona de confort. Y cuando la voz se ponía muy pesada la callaba con la frase magistral que anestesia a cualquiera que quiere pensar un poquito fuera de la caja: “Es lo que hay”. Y punto final a la discusión.

Pasaron diez años así. Hasta que me despidieron.

Pude seguir intentando conseguir trabajos similares. Pero no. 

Mi voz interna me dijo: “¿Y si por esta vez, solo por esta vez, haces todo lo contrario?”.

¿Y sabes qué? Le hice caso.

Dejé atrás un montón de razones, muy válidas para mi autojustificación, de por qué había elegido esa vida: un sueldo seguro, una obra social, proyección financiera, tranquilidad económica y por qué no, un poquito de vanagloria de saberme trabajando en una de las “mejores” empresas de mi país, Argentina.

Ir en contra de la corriente, casi con 40 añitos, es ir en contra de un montón de opiniones de familia, amigos y de nosotros mismos, que somos el producto refinado de varias  generaciones que repiten el mandato social y familiar: hay que sentar cabeza, tener una casa propia, formar una familia, comprar un coche y (con suerte) llegar a viejito para jubilarte y poder disfrutar.

No digo que esté mal, respeto muchísimo a quienes eligen vivir así. Solo que a mí, esa receta, ya no me atraía. Pasé muchos años haciendo lo que “había que hacer”. Y no me gustó.

No fue fácil cambiar el rumbo.

Dejé atrás la supuesta seguridad y me lancé a la aventura de crear mi propio negocio, con los altibajos e incertidumbre que eso trae, pero que es mío.

Y con Lu nos agarramos de la mano, nos miramos y nos dijimos: “¿Y si vamos a dar una vuelta por ahí?”.

Aunque no sabíamos cómo.

Rodearse de la mentalidad correcta fue clave y la mentalidad se encuentra en personas, en libros y en comunidades.

En esa búsqueda de aprobación, que claramente no tenía desde mi entorno, fue que vi por primera vez la charla TEDx de Aniko Villalba. Lloré por una hora seguida. Movió cosas en mi interior que pensé que estaban muertas y enterradas. Pues no: los muertos que matas, Mati, gozan de buena salud.

Fue curioso, hacía seis años que esa charla estaba en YouTube pero yo no la había visto.

Yo sabía por qué: era mi sistema de protección, el de “no quiero ver nada que me diga que otra vida es posible”.

En cuanto a Laura, Lu leyó siempre su blog, me hablaba de ella y me pasaba sus artículos para que los leyera. Yo lo hacía pero por arriba, desde lejos y de reojo. No sea cosa que me contagien

Y cuando Lu me preguntaba qué me había parecido tal o cual artículo, contestaba lo mismo: “Charlatanes, no se puede vivir viajando”.

El único charlatán y embustero era yo, conmigo. Era mi víctima y mi verdugo.

Era yo quien por miedo… no, vamos a ponerle las palabras justas, ¡por cagón!, quería callar a toda costa esa voz que me impulsaba a salir al mundo y descubrir otros paisajes, otras historias y personas.

Tenía miedo, y personas como Aniko o Laura, me lo recordaban y reafirmaban. Internamente las admiraba y por eso elegía ignorarlas, a ellas o a cualquier otro u otra que hablara de lo mismo.

El resto de la historia ya la conoces o puedes leerla aquí…

Este es un artículo emotivo, vulnerable, con mis verdades puestas a la luz, para que veas que no todo lo que brilla es oro, que las cosas que vale la pena siempre cuestan. 

Se siente bien escribir sobre esto para ti, traductor, traductora, que me lees del otro lado. Se siente liberador.

Y lo hago porque me siento en confianza, porque de a poco también me voy soltando contigo para que empieces a ver al Mati que hay detrás de escena.   

Pasaron dos años y, gracias a la pandemia y a los amigos de El Gran Viaje que nos tiene encerrados en la misma ciudad, conocí a Laura personalmente. Conectamos como si fuéramos amigos de toda la vida. Quizá por ser bichos raros nacidos en la misma ciudad. 

Ella me habló del taller de escritura que creó junto con Aniko. Programamos una entrevista para hablar sobre esto y de cómo escribir relatos de viajes, desde los sentidos y las emociones.

Ellas no lo saben, pero tenerlas en mi blog es un privilegio. Por un lado, es una cachetada a ese Mati viejo que descreía de ellas y, por otro, es una forma, desde mi pequeño espacio traductoril, de agradecerles el haberme traído hasta aquí.

Por eso esta entrevista no es a traductoras, sino a viajeras. A dos mujeres que han hecho del viaje su estilo de vida y que han vivido, sentido y escrito sobre ello.

Esta es una charla inspiradora, motivadora y que invita a lanzarse a escribir los viajes propios.

Porque, como bien dice Aniko, no hace falta viajar para hacer un viaje, puedes hacerlo desde tu casa, viendo lo que ve todo el mundo, pero desde una mirada distinta.

Yo creo que el viaje eres tú y que escribir desde las emociones, desde lo que sentimos y pensamos, es liberador y sana el corazón y el alma.

Mi consejo: escribe y cuéntate lo que te pasa.

Y si quieres que ellas te guíen… entonces puedes acceder al taller desde aquí.

Charlas de Traducción #16 – Lau y Aniko – Traducir, viajar y escribir

Índice

  • 02:10 – ¿Quiénes son Laura y Aniko? ¿Cómo se definen?
  • 07:40 – ¿Por qué eligieron la escritura como medio de retratar sus viajes?
  • 14:22 – ¿Cómo pasaron de ser escritoras “informales” a profesionales?
  • 18:50 – ¿Cómo empezar a escribir? ¿Cómo soltarse y perder el miedo?
  • 32:38 – ¿Cómo es el taller de escritura que crearon juntas y en qué se diferencia de otros talleres?
  • 39:00 – ¿Quiénes llegan al taller y cómo se van?

Solo algunos de los mejores momentos

“Soy una persona que necesita escribir para entender y para ordenar. Mi manera de respirar es escribiendo“. (Aniko)

“Hay un mito común que dice que para escribir hay que sentarse en un escritorio divino, frente al mar, en silencio, en una situación perfecta. Eso no es así“. (Laura)

“El trabajo de escritura es principalmente un trabajo de reescritura. Nunca nadie saca el primer borrador listo para publicar”. (Laura)

“La escritura es como el deporte: es un músculo, hay que entrenarlo y empezar de a poco“. (Aniko)

“Hasta el escritor más experimentado lidia con el síndrome de la hoja en blanco“. (Laura)

“No hace falta hacer un gran viaje para escribir sobre viajes“. (Aniko)

“Para escribir hay que generar el espacio y poner la intención“. (Aniko)

“Documenta lo máximo que puedas porque tu yo del futuro te lo va a agradecer”. (Laura)

“Recortar un texto cuesta mucho pero no hay que sentirse mal por irse por las ramas al momento de escribir el primer borrador”. (Laura)

Páginas y recursos mencionados

Sobre el autor de esta publicación

Hola, soy Mati Ortiz. Mi propósito es ayudar a traductores y traductoras a mejorar su calidad laboral. ¿Por qué? Porque sé que nos merecemos trabajar con más tranquilidad, con clientes que nos valoren, mucho mejor pagos y con más tiempo libre de calidad.

Si quieres saber cómo lograrlo, súmate ya a mi curso gratuito “3 pasos para convertirte en traduemprendedor/a (y llevar la traducción al siguiente nivel)”.

puedes pasar directo a la acción con mi servicio de mentoría 1 a 1 en donde pondremos todos estos conceptos en práctica.

Yo también estaba cansado y puse mi vida y mi profesión en acción. Aquí puedes saber cómo lo hice.